Reglas del grafólogo según Crepieux Jamín

Reglas del grafólogo según Crepieux Jamín

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Reglas del grafólogo según Crepieux Jamín
Como vimos, Crepieux Jamín fue uno de los grafólogos que ha aportado grandes conocimientos para el desarrollo de esta técnica, siendo incluso el creador de la escuela de París de grafología.

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Crepieux Jamín


Crepieux Jamín puso de manifiesto que existía una falta de seguimiento a la hora de llevar a cabo los análisis grafológicos, de ahí que a través del libro “ABC de la grafología”, Jamín propusiese quince reglas o normas con la finalidad de proporcionar una mayor objetividad y formalidad en los análisis grafológicos. Dichas reglas son:
No hay que pretender hacer un examen grafológico serio basándose en un solo documento.


Hay que buscar en primer lugar las características gráficas de la escritura y clasificar las dominantes por orden de intensidad.
Las escrituras se definen por sus caracteres gráficos (grandes, ligeros, ascendentes, rígidos, etc.), y no por sus cualidades psicológicas (tontos, temerosos, envidiosos, malos, etc.). Esto
último sería sustituir la intuición a la observación, poner delante lo que va detrás.


Si se hace dificultoso definir una escritura, se intentará revivir los movimientos del que la ha trazado. Son cinco las formas por las cuales es posible llevar a cabo este proceso, según Crepieux Jamín:
Reseguir las escritura con una punta roma, como si quisiéramos reescribirla.
Calcarla (lo que nos hace fijar en los detalles).

Imitarla escribiendo en el aire, a fin de estimular nuestra imaginación.
Examinarla a unos 60 centímetros de distancia, favoreciendo así la observación de los menos exteriorizados.
Mirarla muchas veces seguidas durante 2 o 3 segundos y anotar cada vez lo visto.


Han de ser desatendidos todos los signos que no pueden reducirse a ninguna especie gráfica o son accidentes de pluma o malas observaciones. En efecto, no existen signos particulares independientes de los grandes movimientos escriturales, sólo hay signos generales, de variados modos.


Los pequeños signos, incluso si están relacionados con especies, sólo valen si se repiten.

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La escritura y caracter de Crepieux Jamín


En las definiciones no hay que dividir los signos en principales y secundarios. Los últimos son siempre relativamente secundarios puesto que la clasificación se establece por orden de intensidad.


A menudo se encuentran varias dominantes que merecen ocupar un mismo plano, tanto jerárquica como cuantitativamente. El agruparlas según sus afinidades prepara el retrato grafológico.


Es muy útil medir los signos que se presten a ello:
Medidas de dimensión de las escrituras grandes, pequeña, exagerada, espaciada.


Medidas proporcionales de las escrituras sacudida, desigual, agrandada,
disminuida.


Medida de ángulos de las escrituras invertida, inclinada, angulosa.
De los errores que pueden cometerse en una definición el más insignificante será olvidar uno o varios signos poco importantes; el más grave y sin remedio, equivocarse en el primer plano de
la definición.


Ya que los grandes movimientos escriturales envuelven a los pequeños, puede ser útil el añadir en las definiciones, sobre todo tratándose de especies complejas, de mucha irradiación (como las escrituras desigual, exagerada, rápida, discordante, inhibida, etc.), breves indicaciones
acerca de los modos. La notación de las discordancias de la firma con el texto es particularmente necesaria; es clave de luminosas revelaciones.

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Los movimientos de casi la totalidad de las escrituras quedan muy bien circunscritos mediante unas pocas características. En el estado actual de la grafología, con 175 especies gráficas a nuestra disposición, tendríamos que alarmarnos si no llegásemos a describir al menos 5 o 6, pues esto supondría una observación deficiente, pero también los elementos indispensables de
una definición.


La definición de la escritura se hace atendiendo sólo a los signos que se observan en forma cierta y concreta. Por lo tanto la ausencia de un signo no supone la cualidad opuesta a la que expresaría este signo.


La definición es buena cuando permite hallar sin vacilar la escritura definida entre veinte.


No hay que empezar a hacer retratos grafológicos detallados, antes de dominar perfectamente todas las dificultades de las definiciones.

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